Agua Segura en Escuelas: cambio de hábitos y corresponsabilidad desde la comunidad escolar en Chamula
- Cántaro Azul

- hace 22 horas
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En comunidades con altos niveles de marginación, garantizar el derecho humano al agua y al saneamiento en las escuelas implica transformar hábitos, fortalecer infraestructura y, sobre todo, involucrar a toda la comunidad escolar en un proceso sostenido de corresponsabilidad.

El 10 de febrero, en el preescolar María Montessori de la comunidad de Ukumtic, en San Juan Chamula, Chiapas, la escuela se transformó en un espacio de aprendizaje colectivo. Niñas y niños, madres, padres y docentes participaron en la Feria de lavado de manos y uso adecuado de sanitarios, una actividad que forma parte del Programa Agua Segura en Escuelas de Cántaro Azul.
Todo comienza cuando una comunidad educativa solicita el acompañamiento. Posteriormente se realiza un diagnóstico participativo: se evalúan las condiciones de infraestructura, el acceso al agua, el estado de los sanitarios y los hábitos existentes en torno a higiene y consumo.
Como explica Lourdes Pérez, integrante de Cántaro Azul y hablante de lengua tsotsil, el programa es un trabajo conjunto: “No solo es Cántaro Azul que llega e implementa, sino que se busca mucho la participación de la comunidad estudiantil, junto con mamás y papás también”.

Una vez que avanza el proceso, a partir de soluciones adaptadas al contexto de cada escuela, se implementan sistemas de almacenamiento, captación y desinfección de agua; según sea el caso se construyen, adaptan o rehabilitan sanitarios o se atienden las necesidades identificadas. Luego de las modificaciones se abre la reflexión sobre los procesos de cambio y comienza el componente social: talleres, pláticas y actividades pedagógicas que promueven cambios de hábito en la higiene, uso adecuado de sanitarios y consumo de agua segura.
En el caso del preescolar María Montessori, las condiciones previas reflejan una realidad común en escuelas rurales que fueron construidas y olvidadas en el tiempo, dónde los gastos en mantenimiento y reparaciones, por ejemplo, quedan a cargo de comunidades con recursos económicos limitados. La docente Inés Martínez relata que anteriormente debían comprar garrafones de agua, lo que representaba un gasto constante para las familias. “La economía en esta comunidad es carente… ahorita ya nos evitamos la compra de garrafones y los niños ya toman agua segura”.
Desde el comité de educación, Jorge Santis confirma que antes existían problemas de insuficiencia en sanitarios y gasto recurrente en agua potable. Con la intervención se amplió el baño, se adecuaron lavabos y se implementó un Sistema de agua segura que permite abastecer a los salones sin depender de la compra externa.

El componente social: cambiar hábitos, proteger la salud
Durante la actividad en Ukumtic se abordaron temas como el lavado correcto de manos, el uso adecuado de sanitarios y la reducción del consumo de bebidas azucaradas. Según Lourdes, estas acciones contribuyen, entre otros asuntos, a prevenir enfermedades gastrointestinales como la diarrea, que son frecuentes en comunidades rurales.
Para la docente Inés Martínez, la capacitación ha permitido que las actividades se integren al aula y que madres y padres refuercen prácticas en casa. “Implementamos actividades dentro y fuera del salón… los niños ya saben el uso correcto de los baños y del lavado de manos por salud y bienestar”.
Lo que se vivió en el preescolar María Montessori no es una experiencia aislada. Es un ejemplo replicado en todas las escuelas donde se implementa el Programa Agua Segura en Escuelas.
El programa tiene cuatro componentes clave:
Tecnología adaptada a contexto
Pedagogía y participación
Calidad de agua
Monitoreo y evaluación
El objetivo no es únicamente instalar tecnología, sino garantizar el derecho humano al agua y al saneamiento en el entorno escolar, especialmente en comunidades con alto nivel de marginación.
Cuando niñas y niños cuentan con agua segura, sanitarios adecuados y formación en higiene, disminuyen riesgos a la salud, mejora el entorno educativo y se fortalecen prácticas que trascienden la escuela hacia los hogares.
Para que todo esto funcione es indispensable una dimensión de corresponsabilidad. La comunidad escolar participa en la operación y mantenimiento de los sistemas, en la vigilancia del uso adecuado de las instalaciones y en la sostenibilidad del proyecto. El programa busca que docentes, comités y familias se apropien del proceso. Este tipo de iniciativas es especialmente relevante en lugares muy marginados, que no tienen insumos suficientes para abastecer todas las necesidades.
Del proyecto a la política pública
La experiencia en Chamula también abre una reflexión más amplia: ¿por qué el acceso al agua segura en escuelas rurales depende todavía de proyectos específicos y no de una política pública obligatoria y sostenida?
El Programa Agua Segura en Escuelas ha demostrado que es posible implementar sistemas de captación de agua de lluvia para consumo humano en contextos rurales, acompañados de procesos sociales que aseguren su sostenibilidad. Sin embargo, para alcanzar cobertura amplia se requiere voluntad institucional y marcos normativos claros.
En este sentido, la nueva Ley General de Aguas representa una ventana de oportunidad. El hecho de que incluya un capítulo dedicado a la captación de agua de lluvia, aunque aún requiere mayor definición y regulación, abre un espacio estratégico para posicionar este tipo de soluciones como parte de las obligaciones municipales y estatales en materia de agua y saneamiento escolar.
Avanzar hacia la adopción de este programa como política pública implicaría:
Reconocer la captación de agua de lluvia como una solución válida y prioritaria en escuelas rurales.
Establecer lineamientos técnicos y sociales obligatorios.
Asignar presupuesto específico para su implementación y mantenimiento.
Integrar el componente educativo como parte esencial del proceso.
Garantizar agua segura en las escuelas no debería depender únicamente de la gestión comunitaria, la iniciativa privada o el acompañamiento de organizaciones; debe ser una responsabilidad institucional respaldada por ley, presupuesto y mecanismos de seguimiento.
La feria de lavado de manos en la escuela María Montessori fue una actividad concreta, con dinámicas sencillas y aprendizajes prácticos, pero al mismo tiempo representa algo más profundo: la posibilidad de que cada escuela rural cuente con agua segura, infraestructura adecuada y una comunidad comprometida con su sostenibilidad.
Chamula es un ejemplo, el desafío ahora es que este modelo deje de ser excepcional y se convierta en regla.
Conoce más sobre el Programa Agua Segura en Escuelas y nuestro trabajo por el derecho humano al agua en este enlace












