La experiencia del aprendizaje de la lengua tsotsil

Anayanci Zenteno | Agosto 2019


Cada vez que queremos o decidimos sumar un aprendizaje a nuestras vidas representa un importante reto, la vida está llena de ellos y jamás nos alcanzaría para lo que esta tiene para ofrecernos, el aprendizaje es infinito y sorprendente, como sorprendente ha sido toparme con una rica lengua como es el tsotsil.


La aventura inició hace un par de meses con una convocatoria a la par de otras formaciones en Cántaro Azul, en ese momento al elegir tsotsil jamás hubiera imaginado la manera en la que me sorprendería y atraparía de una grata forma, Mariano “nuestro maestro” entró por la puerta el primer día de clases de lo que sería una de las experiencias más enriquecedoras y conmovedoras de este trayecto; mis cómplices de grupo y yo teníamos gran emoción y tal vez poca idea de lo que aquello significaría, por lo menos yo no lo sabía.


Desde el primer momento con calidez Mariano puso las reglas de juego; anticipó al grupo que aquello sería un reto, pero jamás mencionó que nos regalaría gran parte de su cultura, unas hojas en mis manos, fue la primera llave a este lenguaje y los secretos que guardaba aún los ignoraba; verbos, saludos, números, sustantivos y la forma básica de preguntar o responder se encontraban impresos y me imaginaba que aquello sería un reto a mi habilidad de memorizar ¡pfff!, ni siquiera estaba cerca, iniciamos la primera clase y debo decirlo, somos un grupo, participativo pero también con un gran sentido del humor, destacó Andrés entre todas las personas del grupo, con sus conocimientos previos y las bromas iniciaban, hasta ahí todo parecía un idioma como todos en la lógica de oraciones, verbos conjugados en tiempos diversos y demás reglas gramaticales, yo aún era neófita de lo que seguía.


Ya entrados en materia bastaron unos minutos para descubrir que aquello no era una cuestión de lógica, era una lengua del corazón, de la tierra, de darle importancia y respeto al otro, al entorno, una lengua del alma mimetizada en una etnia que la adopta como parte de su propio ser en un sentido muy místico, no era solo adquirir un conocimiento académico nuevo, una competencia o habilidad más, era la invitación a explorar una nueva forma de comunicarse desde una perspectiva diferente.




Los viernes de 14:30 a 16:30 era el portal que Cántaro Azul y Mariano abrían para poder ser parte de la cosmovisión de esta forma de comunicarse, viernes a viernes la complejidad iba en aumento y también el disfrute; la circunstancia de ser el último día laboral de la semana en las últimas dos horas más el cansancio, dejaron de tener peso, para pasar a ser el momento favorito de la semana, por lo menos mi momento favorito de la semana; desde el “Meli’oté” (saludo para quien llega), hasta el “Kolaval” (gracias), íbamos explorando y conociendo una fascinante manera de comunicarse.


Sin duda alguna, lo poco o cero disfrutable al estar en comunidades es no entender o no darme a entender por la barrera del idioma y fue la principal razón para ser parte de esta formación, al estar en este proceso de aprendizaje estoy incorporando más que un idioma una forma y razón de vida de las personas hablantes de tsotsil, que fragmenta a profundidad mis paradigmas del aprendizaje y conocimiento de una nueva lengua.


El reto y la sorpresa aún está en marcha y las ganas de seguir aprendiendo en aumento; sigo feliz y emocionada de poder ser parte de este proceso, desconozco si lograré el objetivo académico de la formación, porque vaya que es difícil; lo logrado hasta ahora además de mínimos conceptos, reglas gramaticales con lógica completamente diferente, es sentar la base de un aprendizaje mucho más profundo que articula y enriquece mi caminar y razón de ser en Cántaro Azul.

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