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Agua y ambiente, vitales y amenazados


El agua y el medio ambiente son vitales para todos los que habitamos el planeta. Sin embargo, como seres humanos hemos generado diversas problemáticas en torno a ellos que les amenazan, mismas que varían de acuerdo a las regiones y a las formas de desarrollo de cada país. El modo de consumo de quienes habitamos la tierra ha dejado una huella contaminante y depredadora que va en crecimiento.


En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, 5 de junio, queremos tomar en cuenta la gran diversidad de ecosistemas acuáticos con los que cuenta México. Datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) indican que en el país existe una red hidrográfica de 633 mil kilómetros de longitud, donde destacan 51 ríos por los que fluye el 87 por ciento del escurrimiento superficial y cuyas cuencas cubren el 65 por ciento de la superficie nacional.


Es en los ríos, lagos, lagunas, manglares y costas donde se alberga un gran número de especies de flora y fauna. En estos mismos espacios, un sinfín de recursos naturales enfrentan desafíos que requieren una gestión adecuada para garantizar su conservación y uso sostenible. Los siete principales ríos que representan el 71 por ciento del afluente hídrico en el país son: Grijalva-Usumacinta, Papaloapan, Coatzacoalcos, Balsas, Pánuco, Santiago y Tecolutla, indican los datos oficiales. Alrededor de ellos, hay hábitats vitales para numerosas especies.


Desafortunadamente, la sobreexplotación y la contaminación del agua también existen en estos contextos y representan amenazas significativas para el medio ambiente y las comunidades que los rodean. A ello, se suma la demanda creciente de agua para el consumo humano, la agricultura y la industria que ha llevado a la extracción excesiva de las aguas subterráneas y ríos; lo que provoca la disminución de los afluentes y el aumento de salinidad, arsénico y flúor en acuíferos.


Otros datos duros nos dan muestra de que, hasta el 2021, se registraban 653 acuíferos, de los cuales estaban sobreexplotados 111; otros 32 tenían suelos salinos o salobre y 18 más, intrusión de agua salada marina. A ello se suma que, de cada 100 litros de agua empleados en México, 75 son empleados en uso agropecuario, indica el informe Numeragua 2022, elaborado por la Conagua.


Además, la contaminación del agua es un problema grave en muchas regiones del país. Las descargas de aguas residuales sin tratamiento adecuado, la contaminación industrial y el uso indiscriminado de agroquímicos son algunas de las principales fuentes de contaminantes que afectan la calidad del agua, lo que provoca un impacto negativo en los ecosistemas acuáticos y en la salud de las personas que dependen de estas fuentes de agua para su abastecimiento.


Ejemplo de ello, el Río Santiago, ubicado en Jalisco, considerado como uno de los más contaminados del país. Apenas el 15 de marzo pasado, en el Congreso del Estado de aquella entidad, legisladores e investigadores daban cuenta de la relación que hay entre la contaminación del río y las múltiples enfermedades que se han presentado en los pobladores cercanos al cauce, como padecimientos renales.


La página del congreso estatal expone que «la contaminación del agua es por el uso de agroquímicos, coliformes fecales y descargas industriales sin tratamiento». Los ponentes indicaron que «se trata del río más contaminado del país, cerca de 8 mil kilómetros cuadrados que forman parte de la cuenca».


Por situaciones como esta, es prioritario que en el país se promulgue la Ley General de Aguas que garantice el derecho humano al agua y en la que el Estado cumpla con sus obligaciones. Cabe recordar que desde el 8 de febrero de 2012 se modificó el artículo 4 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que establece: «toda persona tiene derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible. El Estado garantizará este derecho y la ley definirá las bases, apoyos y modalidades para el acceso y uso equitativo y sustentable de los recursos hídricos, estableciendo la participación de la Federación, las entidades federativas y los municipios, así como la participación de la ciudadanía para la consecución de dichos fines».


Asimismo, es fundamental que se promueva una cultura del agua y se fomente el uso responsable y eficiente de este recurso. La instrumentación de tecnologías limpias en la industria, prácticas agrícolas sostenibles y la mejora en la gestión equitativa, integral y sustentable del agua, son acciones clave y urgentes en la conservación de los ecosistemas acuáticos, para garantizar un suministro de agua segura y un menor impacto sobre el ambiente.



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