Nadie aprende en cabeza ajena: Taller de Filtros de Bio Arena

Por Rubén Olivera

Hay un dicho que reza «Nadie aprende en cabeza ajena» y yo lo completaría… no sólo en cabeza ajena, sino en el cuerpo entero. Porque aprender no es una cuestión de cabeza, o no nada más del intelecto. Aprender es una experiencia que entre más corporal sea, más significativa será. Yo creo que sabiduría, lo que se dice sabiduría, es un conjunto de experiencias que atravesaron el cuerpo, más que un conjunto de conocimientos intelectuales.


Así ha sido mi experiencia en el Taller de Bio Filtros de Arena que en el mes de julio del 2022 vino a compartirnos el Centre for Affordable Water and Sanitation Technology (CAWST) por medio de tres facilitadoras: Eva Manzano, Eva Jiménez e Ivana Corce. Tres compañeras sabias que cuentan muchas experiencias compartiendo este taller por lugares, tan lejanos y cercanos a la vez, de Asía o Centro y Sur América. Este taller también sirvió para que una de ellas les compartiera su experiencia como facilitadora a las otras… pero ya se sabe, nadie aprende en cabeza y cuerpo ajenos, así que este taller habrá sido en sí mismo aprendizaje de facilitación y organización.


Tengo que decir que me tocó coorganizar el taller en Casa del Agua y ésta era mi primera vez haciéndolo para Cántaro Azul. Han sido muchos aprendizajes (sobre todo de esos de «mejor no hacerlo así»). Sin embargo no es de esta experiencia organizativa que quiero hablar. Quiero contar de la experiencia de recibir el taller centrándome en la vivencia que tuve como un cursante más.


La primera sorpresa de dé cada uno de los tres días fue la de ir en bicicleta y ser el primero en llegar al Parque Natural Encuentro, encontrándome ahí solo, con el espectáculo del bosque a primera hora del día. Ese es el primer aprendizaje que atraviesa todo el cuerpo, imaginando cómo filtra esa montaña el agua. Los árboles además de absorber ayudan a infiltrar el líquido permitiendo a la montaña ser un bio filtro, que nos entrega el agua en un manantial que alimenta al río, en un acto que a veces pasa desapercibido y que es, cuando menos, mágico.

Las compañeras de CAWST también saben que el conocimiento pasa a través del cuerpo así que su taller está lleno de dinámicas participativas con la que nos permiten integrarnos, aportar nuestros conocimientos previos, comprender la información desde otros lugares y divertirnos. Ha sido una experiencia muy enriquecedora que me ha hecho comprobar el potencial que tiene la Casa del Agua como un centro de formación vivo, la buena alianza que estamos construyendo con CAWST y su experiencia formativa, y por supuesto, seguir comprobando que la gran maestra es la naturaleza.


También ha sido muy grato descubrir en las participantes intereses genuinos y comunes a los que mueven el quehacer de Cántaro Azul. Las conversaciones versaban sobre el acceso, la cantidad, pero sobre todo la calidad del agua como el derecho humano que es. Con todo lo técnico que ha sido el taller, hemos podido equilibrar, porque al final la problemática no es solo tecnológica sino social, económica, política y cultural.


El agua, que fue la conductora de este taller, se hizo presente al cierre del ultimo día, en forma de aguacero. De esos aguaceros que parece que se cae el cielo en granizo (hay que decir que los tres días hubo un sol espectacular hasta ese momento). Así, a buen resguardo, cerramos el evento, reconociendo nuestro esfuerzo y los aprendizajes que recorrieron el cuerpo. Yo quedé muy contento y satisfecho. Y mientras entregábamos los reconocimientos se escuchaba una ovación… o tal vez solo era la lluvia (y yo no traje el chubasquero que nos recomendaron traer en la hoja informativa del taller, pero dicen que nadie aprende en…), y el agua que me mojó seguramente ha sido lo que necesitaba para acabar de asimilar ¡todo el cumulo de aprendizajes vividos!