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Huella hídrica: el rastro del agua a través de lo que consumimos



¿Alguna vez te has preguntado cuánta agua se requiere para producir los objetos y alimentos que consumimos diariamente? ¿Qué importancia tiene conocer esta información? La conciencia sobre la conservación del agua está cobrando cada vez más relevancia. En este sentido, familiarizarse con el concepto de huella hídrica (HH) podría contribuir a una gestión más responsable de los recursos naturales en nuestra sociedad. Así lo sostiene Fermín Reygadas Robles Gil, cofundador y director general de la asociación civil Cántaro Azul.


Doctor en Energía y Recursos por la Universidad de Berkeley, California, Fermín Reygadas explica que la huella hídrica representa la cantidad de agua empleada en cualquier proceso o producto, ofreciendo una visión del costo real del agua asociado. Esta noción adquiere gran relevancia, ya que se pueden emplear estas cifras como indicadores económicos para tomar decisiones informadas tanto en términos de calidad como de adquisición.


No obstante, Reygadas advierte que el costo económico oculta aspectos más profundos: «Esto se refleja también en el contexto del cambio climático, ya que la huella de carbono indica la cantidad de gases de efecto invernadero liberados durante un proceso. En el caso de la HH, conocer la cantidad de agua utilizada o consumida resulta fundamental para tomar decisiones coherentes con un entorno sostenible y el derecho a un ambiente saludable».


El experto subraya que comparar la HH con la disponibilidad de agua en la región de origen de los productos o proyectos es esencial. «Si solo vemos las cifras en términos absolutos, podríamos no estar tomando decisiones apropiadas. Las implicaciones varían en regiones con abundancia de agua, donde una huella hídrica amplia podría tener un impacto menor. En contraste, en áreas con estrés hídrico y alta competencia por el agua, adquirir un producto con una huella hídrica significativa tendría consecuencias para la vida y los ecosistemas locales».


Por ejemplo, las empresas refresqueras a menudo argumentan que su consumo de agua es mínimo. «Está el caso de la presencia de Coca-Cola en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, donde se autodenominan una de las plantas embotelladoras más eficientes a nivel global. En esta situación, se enfocan en analizar solo una porción de la huella hídrica que directamente influye en el producto final. Bajo esta perspectiva, la impresión de un uso excesivo de agua se desvanece. No obstante, es importante tomar en cuenta los diversos elementos implicados en la producción de una botella de refresco. Tomemos la caña de azúcar como ejemplo; se debe considerar cuánta agua es empleada en su cultivo. Asimismo, el proceso de elaboración de los plásticos involucra componentes específicos, por lo que se requiere evaluar no solo la cantidad de agua aparente, sino también la que forma parte del ciclo de vida completo del producto», opina el especialista.


Reygadas Robles Gil agrega que la huella hídrica no lo es todo. Factores como la escala y la ubicación juegan un papel esencial. En el caso de una planta pequeña en una región con suficiente suministro de agua, el impacto puede ser limitado. No obstante, cuando una planta abastece a toda una región o país y utiliza fuentes acuíferas importantes para su funcionamiento, la situación puede tornarse preocupante. Un ejemplo, dice, fue la controvertida instalación de la cervecera Constellation Brands en Mexicali, Baja California. Destinada a producir cerveza para varios estados en los Estados Unidos, su magnitud planteaba desafíos considerables en términos hídricos para la región. Su remoción era inminente, dice.


Añade que considerar la huella hídrica es imperativo, pero también es crucial evaluar la procedencia y la escala de la actividad. En un contexto de neoliberalismo, las empresas privadas a menudo encuentran maneras de externalizar los costos, que en ocasiones recaen en el ecosistema a expensas de su integridad. Otras veces, son las personas menos amparadas por instituciones reguladoras las que enfrentan estas consecuencias. La huella hídrica emerge entonces como un medio para visibilizar esta externalización de costos inherente a los procesos industriales, agrícolas y la vida humana en general. Esta visión cobra especial relevancia en un entorno neoliberal que legaliza dicha externalización, generando una estructura profundamente injusta, expresa.


La huella hídrica y su relación con los alimentos


Hoy en día sabemos que la agricultura es la mayor consumidora de agua a nivel global. De acuerdo con datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), la HH es un indicador que abarca toda el agua utilizada en nuestra vida cotidiana, desde la producción de alimentos hasta procesos industriales, generación de energía y la contaminación resultante.


En Cántaro Azul hemos ido explorando la HH de distintos alimentos, brindando un referente sobre la cantidad de agua que consumimos indirectamente al adquirirlos. Esta medición abarca desde el proceso de cultivo o crianza hasta su procesamiento y transporte.


A continuación, presentamos algunas razones por las cuales comprender la huella hídrica de los alimentos es de relevancia:


Gestión del agua: La HH proporciona una comprensión precisa de cuánta agua se necesita para producir distintos alimentos. Esto resulta esencial para identificar productos que requieren una cantidad considerable de agua, lo que puede tener un impacto significativo en zonas con escasez hídrica (ver tabla).


Sostenibilidad agrícola: Dado que la agricultura representa el mayor consumo de agua en el mundo, el conocimiento de la HH de los alimentos permite a agricultores y productores adoptar prácticas más sostenibles para reducir el consumo hídrico y mejorar la eficiencia.


Seguridad alimentaria: La disponibilidad de agua dulce es crucial para la producción de alimentos. Entender la HH de los alimentos ayuda a prever posibles problemas de escasez hídrica en determinadas regiones, lo que podría afectar la producción y disponibilidad de alimentos básicos.


Evaluación de impacto ambiental: Algunos alimentos pueden tener una HH significativamente mayor debido a su producción en regiones con estrés hídrico o prácticas agrícolas ineficientes. Esto puede tener consecuencias medioambientales, como la degradación de ecosistemas acuáticos y la disminución del nivel de los acuíferos.


Consumo responsable: Los consumidores informados sobre la huella hídrica de los alimentos pueden tomar decisiones más responsables al seleccionar productos. Optar por alimentos con una huella hídrica menor contribuye a la conservación del agua y promueve prácticas agrícolas sostenibles.


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