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Baños secos en Sitalá, cambios para la dignidad

Por Érika Ramírez



Tener privacidad y un espacio más sano, para ella y los suyos, fueron dos de los motivos que impulsaron a Virginia a entrar en el proyecto piloto para la instalación de un baño seco en su casa. No sólo eso; ella, sus hijos: Aida y Manuel; su esposo, José, fueron parte del proceso de construcción. Se involucraron en cada uno de los pasos requeridos para que las pacas de paja, tierra, madera y agua se convirtieran en los muros del baño. Tres meses después disfrutan de un lugar propio, digno y limpio.


Ataviada con una blusa de lentejuela verde, típica de la región, que reluce con los rayos del sol y a la que cuelgan hermosos motivos blancos, Virginia muestra orgullosa el nuevo espacio que también tiene ducha y señaléticas en su idioma, el tseltal. Atrás quedó la letrina lejana, que especifica: «más bien era un hoyo», donde defecaban ella y su familia. Su pequeña hija le hace segunda, muestra una sonrisa de oreja a oreja, se enaltece por el logro de la familia.


Y es que en Sitalá, la mayoría de las personas no tienen acceso a los servicios básicos de agua y saneamiento. El total de la población, 15 mil 518 personas, se encuentran en condiciones de pobreza. Mientras, el 70 por ciento, en pobreza extrema (10 mil 906 personas), según el Informe anual sobre la situación de pobreza y rezago social 2022, elaborado por la Secretaría de Bienestar.


En uno de los municipios con mayores brechas de desigualdad en el país, la falta de acceso al agua es permanente. A la par, la falta de saneamiento es una fuente contaminante continua; el ciclo de la defecación al aire libre deriva en enfermedades gastrointestinales, a causa de la bacteria e-coli. La diarrea se ha normalizado entre sus habitantes, menores de edad y adultos enferman comúnmente. Las alternativas para tener un mejor entorno han sido pocas y/o deficientes.


El informe oficial señala que Sitalá es una de las comunidades con un muy alto grado de marginación. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo también ha colocado al municipio tseltal como el octavo con más carencias en todo México.


Roma no se hizo en un día


El último día de noviembre, en la cabecera municipal de esta comunidad, hombres, mujeres, niños y niñas, se reunieron para ver la presentación de videos que dieron cuenta del arduo trabajo desarrollado, con la instalación de 10 baños secos en 5 comunidades. Ahí estaban nuestros compañeros de Cántaro Azul: Olivia Hernández, facilitadora de procesos sociales en temas de agua y saneamiento, y Pablo Suárez, responsable de pilotos de agua y saneamiento, quienes desde abril pasado estuvieron trabajando con las familias para la edificación de los baños.


También, Diego Méndez, fotógrafo y videoasta quien captó los testimonios de los que decidieron dar un paso más hacia una mejor condición de vida; Edna Hernández, diseñadora y creadora de la señalética en tseltal; Margarita Vizcaíno, directora del Programa de Gestión Comunitaria del Agua y Saneamiento y Wendy Nicolas, directora de Gestión del Conocimiento. Y por supuesto, nuestros aliados de Dicadem y Conider,

organizaciones de la sociedad civil que forman parte de la Alianza Crecer Juntos por Sitalá, desde la cual se implementó este proyecto. Se destacó la participación activa de Pauliño Montejo Córdova, responsable del eje de agua y territorio.




Los integrantes de las 10 familias beneficiarias de este proyecto se encontraron en la cabecera municipal para compartir la experiencia de participar de él. Hombres, mujeres y niños llegaron de: Ach'lum El Suspiro, Rosario El Anhelo, Santa Cruz El Recreo, San José La Unión y San Martín.


Ellos derribaron la resistencia al cambio; ahora, otras familias van a visitarles para ver cómo quedó el baño seco. Hablaron de lo que han vivido, quienes ya lo utilizan y el trabajo que, en algún momento, pensaron abandonar por lo difícil que les estaba resultando. Roma no se hizo en un día.


Don Domingo y Alonso, por ejemplo, comentan que elaborar su baño seco ha sido uno de los procesos más difíciles, pues las pajas estaban llenas de espinas y, al hacer la mezcla con agua y tierra, se lastimaban las manos. Aun así, no cejaron en su tarea. Los videos también dejaron ver el espíritu de colaboración que había entre las personas y nuestros compañeros, con quienes compartían parte de sus alimentos: los «frijolitos», las memelas, pollo.


Gabriel, otro de los habitantes involucrados en el proyecto, platica que ha habido un cambio de hábitos en su entorno familiar. Relata que antes podían ir a defecar detrás de la casa, en el patio, donde tuvieran un lugar. Ahora ve que el espacio de su hogar se ve limpio, «casi no hay moscas». Además, «lo que ha mejorado en este momento, es que cuando tenías una letrina, en época de lluvia, te ibas y si te resbalabas, te caías; ahora puede uno cagar a gusto», ríe.


Para Antonia, otro de los cambios es el involucramiento de los adultos en la enseñanza a los más pequeños a utilizar el baño seco, porque «les da miedo, hay el caso especial de una niña que decía que ella no ocupaba el baño porque le daba miedo caerse y caer sobre la mierda», pero eso también ha ido cambiando, comenta.


Mientras, para Alberta, uno de los cambios principales es la privacidad que ya tienen ella y su familia porque, en el monte o detrás de la casa hay espacios muy pequeños y, obviamente, «cuando uno va a defecar afuera está el riesgo de que te vean las personas; ahora, sí es más privado», dice.


Así que estas familias han decidido llevar a cabo por un año este proyecto piloto —diseñado e implementado por Cántaro Azul en el marco del Programa NuestrAgua Gestión Comunitaria y en conjunto con la Alianza Crecer Juntos por Sitalá— para su posible réplica y ampliación en Sitalá y otros municipios de Chiapas. Mientras, desafortunadamente, la problemática continúa para 494 millones de personas en el mundo que defecan al aire libre, según la Organización Mundial de la Salud.


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